Ella pensaba que encontraría a su esposo al otro lado del país… pero al subir al avión, descubrió un secreto que involucraba directamente a su hija.

Ella pensaba que encontraría a su esposo al otro lado del país… pero al subir al avión, descubrió un secreto que involucraba directamente a su hija.

PARTE 2

Elena se quedó completamente inmóvil cuando reconoció a Julian sentado unas filas más adelante.

Durante varios segundos, ninguno de los dos fue capaz de decir una palabra.

A su alrededor, los pasajeros seguían entrando en el avión, colocando sus maletas y buscando sus asientos. El ruido habitual de la cabina hacía que el silencio entre ellos resultara todavía más extraño.

Finalmente, Julian habló en voz baja:

—Elena… ¿qué haces aquí?

Ella acomodó tranquilamente su abrigo sobre las piernas y colocó su billete en el asiento de al lado.

7C.

—Estoy viajando —respondió con absoluta calma.

Julian miró rápidamente a su alrededor.

A su lado estaba Chloe, una mujer joven a quien Elena ya había visto antes en varias fotografías.

Sin embargo, en persona parecía mucho menos segura de sí misma.

Tenía unos treinta años y sus manos temblaban ligeramente.

Julian se inclinó hacia Elena.

—No es lo que estás pensando.

Elena miró por la ventanilla. La lluvia resbalaba lentamente por el cristal mientras las luces del aeropuerto se reflejaban sobre la pista.

Después volvió la mirada hacia él.

—Me dijiste que ibas a Chicago.

Julian no respondió.

Tres días antes, la había besado antes de salir de casa y le había asegurado que una reunión urgente de negocios lo obligaba a viajar a Chicago.

Incluso había bromeado sobre el frío que encontraría allí.

Elena le había recomendado llevar un abrigo.

Ahora, ese mismo abrigo estaba guardado en el compartimento superior del avión.

Chloe miró a Julian.

—Pero me dijiste que ella lo sabía.

El rostro de Julian se tensó.

—Habla más bajo.

Elena casi sonrió.

Durante años, Julian había utilizado siempre el mismo método cuando una conversación se volvía incómoda.

Bajaba la voz.

Le pedía que se calmara.

Prometía explicarlo todo más tarde.

Y, de alguna manera, el tema terminaba desapareciendo.

Pero esta vez era diferente.

Elena no había venido a discutir.

Había venido preparada.

Una azafata se detuvo junto a ellos.

—¿Todo está bien?

Elena le dedicó una sonrisa educada.

—Sí, gracias.

La azafata continuó su camino.

Julian esperó unos segundos antes de hablar otra vez.

—Elena, sea lo que sea que estés imaginando…

—Ya sé suficiente.

Ella abrió la carpeta que llevaba sobre las piernas.

Julian se quedó paralizado.

Elena sacó varias fotografías y las colocó delante de él.

En la primera aparecía Julian junto a Chloe saliendo de un hotel.

La segunda los mostraba frente a una institución financiera.

En la tercera estaban sentados juntos en un restaurante.

Chloe observó las fotografías con preocupación.

—¿Nos hiciste seguir?

Elena negó lentamente con la cabeza.

—Le pedí a mi abogado que investigara algunos hechos. Necesitaba saber qué estaba ocurriendo realmente.

Julian intentó tomar las fotografías.

Elena las retiró antes de que pudiera alcanzarlas.

—Todavía no.

Entonces sacó otro documento.

El rostro de Julian cambió de inmediato.

Lo reconocía.

—¿De dónde sacaste eso?

—Me lo entregó mi abogado.

—No tenías derecho a…

Elena lo interrumpió con serenidad.

—Mi nombre aparece en esos documentos. Precisamente por eso necesitaba saber qué contenían.

Chloe miró a Julian.

—¿De qué se trata?

Elena respondió antes que él.

—De varias obligaciones financieras asumidas en nombre de nuestra familia y de nuestra empresa.

Chloe palideció.

—¿De cuánto dinero estamos hablando?

Julian apartó la mirada.

Elena respondió:

—De una cantidad suficientemente grande como para poner a la empresa en serios problemas si esas obligaciones no se cumplen.

Volvió a instalarse el silencio.

Esta vez Julian no encontró una respuesta inmediata.

Elena sacó otro documento.

—Y eso no es todo.

Julian extendió instintivamente la mano.

—Elena, basta.

Ella apartó el documento.

—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien nos escuche?

Julian miró a los demás pasajeros.

Elena permaneció completamente tranquila.

Durante meses había imaginado aquel momento.

Había pensado que gritaría.

Que exigiría explicaciones.

Que obligaría a Julian a reconocer todo aquello que le había ocultado.

Pero ahora que finalmente lo tenía delante, ya no sentía la necesidad de hacer ninguna de esas cosas.

No quería más promesas.

Quería respuestas.

—Esta mañana —dijo— pedí que mis intereses en la empresa fueran protegidos mediante una estructura legal independiente, siguiendo las recomendaciones de mi abogado.

Julian levantó la cabeza bruscamente.

—¿Qué hiciste?

—Lo que debería haber hecho hace mucho tiempo: proteger aquello que legalmente me pertenece.

Él la miró fijamente.

—¿Preparaste todo esto antes de venir al aeropuerto?

—Sí.

—¿Cuándo?

—Antes de embarcar.

Julian sacó su teléfono.

Miró la pantalla y comprendió que, esta vez, no podría solucionar el problema como lo hacía normalmente.

—Elena, ¿qué le dijiste al consejo de administración?

—La verdad.

—¿Qué verdad?

Ella hizo una breve pausa.

—Que la situación financiera de la empresa debía ser revisada inmediatamente.

Chloe se volvió hacia Julian.

—Me dijiste que todo estaba bien.

Él no respondió.

Entonces Elena observó a Chloe con más atención.

Había algo extraño.

Aquello no parecía ser únicamente un problema de dinero.

Julian estaba preocupado por algo mucho más serio.

Elena habló en voz baja:

—Las dos conocen el nombre de Northstar.

Chloe se puso rígida.

Julian intervino inmediatamente.

—No la metas en esto.

Elena lo miró directamente.

—Fuiste tú quien la subió a este avión.

Chloe apretó contra su pecho un pequeño bolso de cuero.

Elena notó que prácticamente no lo había soltado desde que comenzó el viaje.

—¿Qué hay dentro de ese bolso?

Chloe no respondió.

Julian habló con tensión:

—Elena, crees que has entendido toda esta historia porque hiciste revisar algunos documentos.

—Entonces explícame qué he entendido mal.

Julian guardó silencio.

—No puedo.

—¿No puedes o no quieres?

Julian miró por la ventanilla.

—No aquí.

Finalmente, las puertas del avión se cerraron.

La tripulación comenzó las instrucciones de seguridad.

Elena sintió que la atmósfera de la cabina había cambiado por completo.

Unos minutos antes, creía que tenía todas las respuestas.

Ahora empezaba a comprender que apenas había descubierto la primera capa de un problema que llevaba muchos años oculto.

Chloe abrió lentamente su bolso.

Julian le sujetó la muñeca durante un instante.

—No hagas eso.

Ella retiró la mano.

—Estoy cansada de guardar silencio.

Algunos pasajeros comenzaron a mirar hacia ellos.

Julian se apartó.

Chloe abrió finalmente el bolso y sacó un grueso sobre de color crema.

En la parte delantera había un nombre escrito a mano.

Elena lo vio.

Y sintió que el corazón casi se le detenía.

Maya Vale.

El nombre completo de su hija.

Elena levantó la mirada hacia Chloe.

—¿Dónde encontraste ese sobre?

Chloe lo colocó sobre la pequeña mesa.

Julian cerró los ojos.

—Elena…

Pero su expresión había cambiado.

Ya no parecía el poderoso empresario acostumbrado a controlar cada situación.

Parecía simplemente aterrorizado por lo que aquel sobre podía revelar.

—¿Qué contiene? —preguntó Elena.

Julian extendió la mano.

—No lo abras.

Elena retrocedió ligeramente.

—¿Por qué?

—Porque después de hacerlo, nada volverá a ser como antes.

Ella lo miró directamente a los ojos.

—¿Eso debería asustarme?

—Sí.

La respuesta de Julian fue inmediata.

Entonces Chloe habló.

—No vine con Julian para comenzar una nueva vida con él.

Elena se volvió hacia ella.

—Entonces, ¿por qué estás aquí?

Chloe miró a Julian antes de responder.

—Tenía que entregar ese sobre a alguien.

—¿A quién?

—A una mujer llamada Sofia Maren.

Julian cerró los ojos.

Elena frunció el ceño.

—¿Quién es ella?

—Trabajó para Northstar hace muchos años.

—¿Northstar es una empresa?

Chloe negó con la cabeza.

—No exactamente.

Elena esperó.

—Entonces, ¿qué es?

Chloe bajó la voz.

—Originalmente era un programa privado de investigación.

Julian la miró con evidente preocupación.

—Ya es suficiente.

—¿Por qué? —respondió Chloe—. Ella tiene derecho a saberlo.

Los motores del avión comenzaron a rugir mientras la aeronave se preparaba para despegar.

Elena miró a Julian.

—¿Qué investigaba Northstar?

Él permaneció en silencio durante varios segundos.

Finalmente respondió:

—Mi padre creó el programa.

Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Tu padre?

—Richard.

El padre de Julian había muerto oficialmente muchos años antes de que Elena conociera a su hijo.

Julian siempre había hablado de su padre con una extraña reserva.

Elena lo miró fijamente.

—Siempre me dijiste que estaba muerto.

—Eso era lo que me hicieron creer.

Elena permaneció en silencio.

—¿Y qué tiene que ver todo esto con Maya?

Julian apartó la mirada.

Chloe respondió por él.

—Northstar estaba interesada en determinados datos biológicos y familiares.

Elena frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Al principio, para investigaciones médicas.

Julian añadió con amargura:

—Al menos eso era lo que nos dijeron.

Elena sintió que su preocupación aumentaba.

—¿Y después?

Nadie respondió inmediatamente.

Finalmente, Julian habló:

—Cuando Maya era pequeña, recopilaron cierta información sobre ella.

Elena se incorporó de golpe.

—¿Qué información?

—Datos que nunca debieron salir del ámbito privado.

El rostro de Elena perdió el color.

—¿Hiciste examinar a mi hija sin decírmelo?

Julian bajó la mirada.

—Al principio no sabía toda la verdad.

—¿Cuándo la descubriste?

Julian dudó.

—Cuando tenía seis años.

Elena quedó completamente inmóvil.

De repente, varios recuerdos comenzaron a regresar.

Una consulta médica que Julian había explicado de manera demasiado vaga.

Unos exámenes que él había presentado como simples controles.

Un especialista que, poco después, había abandonado la clínica.

Ella le había creído.

Ahora se arrepentía de no haber hecho más preguntas.

—Me mentiste.

Julian no intentó negarlo.

—Sí.

—¿Por qué?

Él dudó antes de responder.

—Porque mi padre había dejado instrucciones.

Elena lo miró incrédula.

—¿Tu padre, el mismo hombre que supuestamente estaba muerto?

Julian asintió.

—Sí.

Aquella respuesta solo hacía que el misterio fuera aún más profundo.

Chloe colocó suavemente una mano sobre el sobre.

—Hay algo que necesitas ver.

Elena tomó el sobre.

Esta vez, Julian no intentó detenerla.

Lo abrió.

Dentro había varias hojas de documentos y una fotografía.

Elena tomó primero la fotografía.

Y se quedó inmóvil.

En la imagen aparecía un hombre mayor sentado en una habitación médica.

Su cabello se había vuelto completamente gris.

Su rostro estaba más delgado.

Pero Elena reconoció inmediatamente sus rasgos.

Miró a Julian.

—Es él.

Julian no respondió.

Elena dio la vuelta a la fotografía.

Había una fecha escrita en la parte posterior.

Era de varios años después de la fecha oficial de la muerte de Richard.

El aire pareció desaparecer de sus pulmones.

—No puede ser.

Julian bajó la cabeza.

Elena volvió a mirar la fotografía.

En el reverso también había una breve anotación relacionada con un expediente familiar.

Todavía no comprendía qué significaba.

Pero una cosa ya era imposible de negar.

Aquel secreto no involucraba únicamente a Julian.

También estaba relacionado con Maya.

Y alguien había conseguido mantener la verdad oculta durante años.

Elena levantó lentamente la mirada hacia Julian.

—¿Qué significa esto?

Julian permaneció en silencio.

Chloe tampoco respondió.

El avión continuaba avanzando por el cielo nocturno.

Y Elena comprendió algo mucho más aterrador.

Descubrir las mentiras de su marido no sería la parte más difícil.

Lo verdaderamente difícil sería descubrir por qué alguien había dedicado tantos años a ocultar la verdad sobre su propia familia.

Continuará en la próxima parte…

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