CADA VEZ QUE MI CUÑADO ME LLEVABA A CASA, PERDÍA EL CONOCIMIENTO. ASÍ QUE ESCONDÍ UNA GRABADORA EN MI BOLSO…

CADA VEZ QUE MI CUÑADO ME LLEVABA A CASA, PERDÍA EL CONOCIMIENTO. ASÍ QUE ESCONDÍ UNA GRABADORA EN MI BOLSO…

 

—Está completamente inconsciente. Tráela aquí, pero esta vez asegúrense de no dejarle ninguna marca.

Al reconocer la voz de mi esposo en la grabación, sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

No era la voz de un desconocido.

Era Julian.

El hombre con quien compartía mi hogar, mi cama y todos mis planes para el futuro.

Y estaba hablando de mí.

Todo había empezado unas semanas antes.

Trabajaba en una oficina del centro de Dallas y a menudo me quedaba hasta tarde para terminar mis pendientes. Vivíamos en Southlake, Texas, a menos de media hora en auto.

Cuando Julian tenía compromisos de trabajo por la noche, le pedía a su hermano Marcus que fuera a buscarme.

Al principio, aquel gesto me parecía considerado.

Marcus siempre llegaba puntual, en su enorme camioneta oscura y con una botella de agua en la mano.

—Sofía, pareces agotada. Toma un poco antes de que salgamos.

No tenía motivos para desconfiar de él. Era mi cuñado, alguien a quien conocía desde hacía años y que compartía con nosotros muchas comidas familiares.

Pero después de esos viajes empezaron a pasar cosas extrañas.

La primera vez, desperté en el estacionamiento subterráneo de nuestro edificio y apenas recordaba el trayecto.

Marcus dijo que me había quedado profundamente dormida.

La segunda vez, me dolía mucho el cuello y vi un moretón en el brazo.

La tercera, desperté con dolor de espalda y la ropa arrugada.

Siempre dejaba de recordar poco después de beber el agua que Marcus me ofrecía.

Cuando se lo conté a Julian, restó importancia a mis preocupaciones.

—Sofía, trabajas demasiado. Pasas el día frente a una computadora. Es normal que estés cansada.

—Pero ni siquiera recuerdo el camino.

—Porque te duermes profundamente. No te imagines cosas.

Quería creerle. Deseaba con todas mis fuerzas que tuviera razón.

Pero algo dentro de mí insistía en que aquello no estaba bien.

Así que compré una grabadora digital diminuta y la escondí en el bolsillo interior de mi bolso, debajo de unos documentos.

No se lo conté a nadie. Ni siquiera a Julian.

La noche del cuarto viaje, Marcus me esperaba frente a la oficina. Eran las 9:40.

Me recibió con su sonrisa de siempre.

—¿Día pesado?

—Agotador.

Me tendió una botella de agua que ya estaba abierta.

—Entonces bebe un poco. Te hará bien.

Esta vez, encendí la grabadora antes de subir al auto.

Tomé unos sorbos. Recuerdo las luces de la ciudad pasando al otro lado de la ventana y a Marcus hablando del tráfico.

Después, todo se volvió confuso.

Cuando abrí los ojos, el reloj del tablero marcaba las 11:08. Estábamos en el estacionamiento subterráneo de nuestra residencia.

El asiento del copiloto estaba casi completamente reclinado.

Marcus ya no estaba.

Intenté incorporarme, pero un dolor intenso me atravesó la espalda. Tenía el cuello rígido, una media rota cerca de la rodilla y una molestia extraña en el hombro.

Miré la hora. Había pasado mucho más tiempo del que debía tomar el viaje desde Dallas.

Tomé mi bolso y subí al apartamento.

Julian estaba sentado frente al televisor.

—Ya llegaste —dijo, sin levantarse.

—Otra vez me quedé dormida.

Sonrió.

—Te lo dije. Necesitas descansar.

—Julian, esta vez me duele todo el cuerpo.

—Quizá deberías hacer algo de ejercicio.

No respondí. Esperé a que se fuera a dormir y luego llevé la grabadora al estudio.

Al principio, solo escuché mi propia voz agradeciéndole a Marcus por el agua. Después se oyeron el motor, el tráfico y algunas frases sin importancia.

Unos diez minutos más tarde, dejé de hablar.

El silencio se prolongó.

De pronto, el sistema Bluetooth del vehículo anunció una llamada. La voz de Marcus se escuchó con claridad.

—Volvió a pasar. Se desmayó.

Otra voz respondió.

La reconocí de inmediato.

Julian.

—Bien. Llévala al lugar de siempre. Vanessa ya llegó.

Me faltó el aire.

Marcus vaciló.

—¿Estás seguro de que podemos seguir haciendo esto?

—Haz lo que te dije. Y esta vez, tengan cuidado. No quiero que vuelva con moretones.

—El de la otra vez casi no se veía.

—Eso no importa. Una sola marca podría hacer que sospeche.

Me quedé inmóvil, mirando la grabadora.

Mi esposo lo sabía. No solo sabía que yo perdía el conocimiento: estaba organizando lo que ocurría después.

En el audio, oí que la camioneta se detenía. Luego se escuchó el clic del cinturón de seguridad y el mecanismo eléctrico del asiento reclinándose aún más.

Marcus murmuró:

—Confías demasiado en tu familia, Sofía.

Después hubo un roce muy cerca del micrófono, como si alguien estuviera moviendo mi ropa.

Detuve la grabación.

Me temblaban tanto las manos que casi se me cayó el aparato.

Corrí al baño y cerré la puerta con llave. Frente al espejo, aparté un poco el cuello de la blusa.

Tenía un moretón oscuro justo debajo de la clavícula.

Lo había visto esa misma mañana, pero me convencí de que quizá me había golpeado con algún mueble.

Ya no podía seguir engañándome.

Alguien me hacía daño mientras yo estaba inconsciente.

Y Julian estaba involucrado.

Me apoyé en el lavabo e intenté controlar la respiración. Quería despertarlo y exigirle una explicación, pero si él había planeado todo aquello, enfrentarlo sin saber más podía ponerme en peligro.

Volví a tomar la grabadora. Aún quedaba una parte de la conversación que no había escuchado.

Presioné el botón.

La voz de Marcus sonó más distante.

—Vanessa quiere saber si esta será la última vez.

Julian tardó unos segundos en responder.

—Depende de lo que consiga esta noche.

—¿Y si Sofía empieza a recordar?

El silencio que siguió me pareció interminable.

Entonces Julian dijo algo que me heló la sangre:

—Tendremos que cambiar el plan.

Apagué la grabadora.

Me senté en el suelo del baño, abrazándome las rodillas. No sabía adónde me habían llevado ni qué había ocurrido durante esas horas que no podía recordar.

Pero había un nombre que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza:

Vanessa.

¿Quién era esa mujer? ¿Por qué me estaba esperando? ¿Y qué pretendía obtener de mí mientras yo estaba inconsciente?

La parte 2 es aún más impactante… Comenta «NOCHE» si quieres leer el próximo capítulo.

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