Durante meses, Emily pensó que el aumento de volumen en su abdomen se debía a un aumento de peso normal. A veces sentía presión después de comer y un dolor sordo que aparecía y desaparecía, pero estaba ocupada y los síntomas nunca le parecían lo bastante graves como para consultar a un médico.
Una noche, el dolor se volvió imposible de ignorar. Emily comenzó a sentirse débil y la llevaron al hospital, donde los médicos la examinaron y solicitaron estudios de diagnóstico por imagen. La exploración reveló una masa considerable cerca de uno de sus ovarios. Algunas de sus características eran distintas de las de un quiste simple lleno de líquido.
El cirujano le explicó que la masa podía ser un tipo de teratoma ovárico. Las imágenes a veces pueden mostrar indicios de tejidos como grasa o material calcificado, pero solo el análisis de la masa extraída permitiría determinar exactamente qué contenía.
—¿De verdad podría haber dientes ahí dentro? —preguntó Emily, atónita.
El médico le explicó que algunos teratomas ováricos contienen distintos tipos de tejido. No forman un embarazo ni un ser vivo separado; se desarrollan a partir de células capaces de dar origen a diferentes tipos de tejido.
Después de hablar sobre los resultados y las opciones de tratamiento, Emily se sometió a una operación para que le extirparan la masa. Más tarde, el informe del laboratorio describió una mezcla de material graso, piel, cabello y pequeñas estructuras parecidas a dientes. El diagnóstico fue un teratoma quístico maduro, a menudo llamado quiste dermoide.
El resultado fue un alivio: el tumor de Emily era benigno. Se recuperó de la operación y retomó su vida cotidiana, con seguimiento de su equipo médico.
Lo que parecía un aumento de peso inexplicable resultó tener una causa médica poco común. Los teratomas ováricos pueden contener tejidos como cabello, piel, grasa y dientes, aunque su contenido y los síntomas varían de un caso a otro. La historia de Emily es ficticia; la condición, en cambio, es real.